09 enero 2008

Regreso al país de las sombras largas (1973). Hans Ruesch

Esta novela ha de abrirse sin prejuicios. Dice siempre mi profesor de Prehistoria que el único modo que tenemos de acercarnos hoy a los cazadores-recolectores del Paleolítico son tribus como los inuits. Y con esa premisa me zambullí en la famosísima novela de Ruesch, cuya primera parte incluso llegó al cine. Los inuits, los esquimales, vivieron hasta casi el final del siglo XX ateniéndose a costumbres y usos milenarios, ajenos a la evolución tecnológica. Papik, el protagonista de esta novela, viaja por el mundo de las nieves junto a Viví, su esposa, y sus perros. Sus costumbres resultan chocantes para nosotros. Apalean a la traílla de perros sin motivo, excepto al líder, al que miman hasta la saciedad para que dé la vida por ellos. La unidad familiar sólo puede tener tres miembros, y es preferible un hijo varón, ya que las mujeres no pueden cazar. Así que practican el infanticidio con total impunidad. No son polígamos, pero la monogamia es social, no sexual: las mujeres esquimales se acuestan con sus huéspedes siempre que el marido lo permita. No hay celos sexuales, por tanto. Me niego a juzgarles. Durante milenios, los inuits mantuvieron su exigua raza de este modo: todas sus costumbres responden a las más duras leyes de supervivencia. Cuando Papik y Viví se enfrentan al hombre blanco, les asusta su barbarie... curioso, ¿no? Por ejemplo, en las matanzas indiscriminadas de focas, bebés incluidos. Los inuits cuidaban mucho su entorno, ya que de él dependía su raza. Al terminar esta novela me surge una pregunta: ¿por qué el hombre blanco no pudo permitir los usos inuits impidiéndole simplemente el infanticidio? ¿Por qué hemos creído siempre ser superiores a todas las demás etnias y hemos tratado de imponer nuestros modos de vida, exterminando los demás?

Biografía del autor (El País): Hans Ruesch nació en Nápoles en 1913, en una familia de ricos industriales suizos.
Ruesch fue un personaje notable, con una auténtica "vida de película". Se apasionó por la arqueología, llegando a trabajar en el sitio de Pompeya antes de realizar un largo viaje que le llevaría a descubrir África y su pasión por la fórmula 1. A los 19 años abandonó la Universidad de Zúrich para dedicarse a las carreras de coches en las que se alzaría con 27 victorias al volante de bólidos Alfa Romeo y Maseratti, incluido el Gran Premio de Gran Bretaña en 1936. Al año siguiente publicó su primer libro, ambientado en el mundo de la fórmula 1, The racer (El corredor), que sería llevado al cine en 1955 por Henry Hathaway y protagonizada por Kirk Douglas. En 1953 retomó el automovilismo en una carrera en Italia que le enfrentó a Fangio. Su estilo, definido como "cercano al de Jack London", le llevó a escribir en 1950 la que sería su obra cumbre, vendida en más de un millón de ejemplares sólo en EE UU Top of the world. La novela fue adaptada por Nicholas Ray en una película protagonizada por Peter O'Toole y Anthony Quinn. Ruesch era un políglota consumado, capaz de escribir tanto en italiano, como en alemán, francés o inglés. Pero aún habría una vuelta de tuerca más en una vida tan intensa. La que le llevaría en los años setenta a convertirse en un ferviente defensor de los derechos de los animales y enemigo de la industria farmacéutica. En 1976 y 2006 publicó en Italia dos libros que harían sensación: La emperatriz desnuda, o el gran fraude médico y La hija de la emperatriz. Denunciaba la experimentación en animales, la industria farmacéutica y el sistema médico, "que acepta la vivisección aun a sabiendas de su inutilidad". Según la prensa helvética, la ignorancia de la obra de Ruesch en su país estaría causada por un boicot motivado en su "guerra" contra la todopoderosa industria farmacéutica, que tiene en Basilea, Suiza, su cuartel general mundial. En particular, por su libro La historia de la farmacia (1982), y en el que denuncia la existencia de numerosos fármacos nocivos o mortales que seguirían siendo vendidos sin problemas en el mundo entero. Falleció en Massagno a los 94 años, en 2007.

04 enero 2008

La tinta azul de la memoria (2006). Mariano Vega

Jonás y Jacinto. No busquen más, todo el universo está encerrado entre estas dos jotas. Como si las tres sílabas de Jacinto arropasen a las dos de Jonás. Como si la coincidencia en tiempo y espacio fuese casual, pero necesaria. Es difícil ser objetiva al leer una primera novela de alguien que conoces. Es curioso, porque aunque nunca he visto a Mariano Vega creo conocerlo gracias a un año de relación blogueira, y en cada esquina de esta tinta azul de la memoria encontraba al cronista diario que se ha ido haciendo poco a poco imprescindible. La tinta azul de la memoria es una novela complicada. Tanto por lo trabajado de la exposición literaria como por el argumento. En una novela se esconden varias. El narrador, Jonás, se queda parapléjico con cincuenta y pocos años y durante su convalecencia en el tristemente famoso centro de Toledo conoce a Jacinto, un escritor que hace tiempo que ha cruzado al otro lado del espejo. Tras un intento de suicidio y una muerte interior segura, Jacinto se convierte en el reflejo de Jonás, quien, tras la muerte de su amigo, decide escribir su autobiografía. Pero la novela, entretejida con estos pilares, se complica a medida que la autobiografía de Jacinto se anuda a la de Jonás. Como si cuanto más se hunde Jacinto más ganas de vivir tiene Jonás... El escritor tiene la teoría de que cada uno nace con un número determinado de neuronas con ganas de vivir, y que, cuando se muere la última, no hay nada que hacer. El narrador no está seguro de esta tesis, pero termina zambulléndose en ella, pleno de ganas de vivir desde su silla de ruedas. Es una novela que invita a vivir, a apurar cada instante respirando a pleno pulmón. Cuanto más devastadora es la autobiografía de Jacinto, más respira Jonás. Pero no porque Jonás necesite la devastación de su amigo para resistir, ojo, es justo lo contrario: porque a medida que narra su caída se siente más próximo a él, pero también a sí mismo. Es el hecho de bucear en el fin de Jacinto lo que le arranca un principio.


Biografía del autor: Mariano Vega nació en Madrid en 1970. De todo su currículum: psicólogo, tenor, corrector... la definición con la que se siente ahora más cómodo es con la de escritor. En la actualidad trabaja en el mundo editorial como técnico y corrector, y compagina la escritura de relatos breves con la de su segunda novela. Por su formación y por sus inquietudes, suele indagar en sus escritos en la vida cotidiana, en los pensamientos y sentimientos de las personas corrientes, en las filosofías de bolsillo que todo el mundo va creando en el día a día.