26 agosto 2008

Elogio de la madrastra (1988). Mario Vargas Llosa


Doña Lucrecia, una cuarentona exuberante, y Rigoberto, su libidinoso esposo, tienen una vida maravillosa, llena de sexo, amor y gozo. Ella es su segunda esposa y el único escollo en su felicidad podría haber sido la relación con el hijo de Rigoberto, Fonchito, pero el niño la adora de tal forma que parece que los astros se han confabulado para llenar de plenitud la vida de la pareja. Pero Fonchito, cuya apariencia es de querubín, esconde en su interior muchos secretos. Sin darse cuenta, Lucrecia va cayendo en sus redes, hasta terminar rindiéndose a sus designios, acostándose con él. La escandalosa relación servirá al niño para dinamitar el matrimonio. Por momentos, el lector duda si en realidad Alfonsito es sólo un crío inocente o un malévolo niño con unos planes muy bien trazados. Como los desasosegantes adolescentes de Una vuelta de tuerca de James. Aunque a diferencia de la narración de Henry James, la atmósfera que crea Vargas Llosa destila una rijosa ironía que envuelve al lector, tanto en las descripciones de las abluciones nocturnas de Rigoberto como en las historias que inspiran al narrador algunos famosos cuadros, a los que convierte en escenas imaginarias de la vida del matrimonio. Toda esta pequeña novela huele a sexo, miuchas veces a sexo escandaloso, y sin embargo el lector no puede dejar de sonreír hasta el supuestamente trágico desenlace final... en el que queda clarísimo que Fonchito es cualquier cosa menos inocente.

Biografía del autor: Mario Vargas Llosa nació en 1936 en Arequipa (Perú). No conocerá a su padre hasta los diez años, ya que se separó de su madre al nacer él, y el reencuentro va a afectar mucho a Mario. Su padre impondrá en su vida una férrea disciplina, que él se resiste a adoptar. Estas vivencias las recogerá en La ciudad y los perros. Comienza a trabajar como columnista en varios periódicos limeños en cuanto termina el colegio. Estudiará Letras y Derecho en la Universidad de San Marcos, mientras sigue escribiendo. En 1995 se casa con su tía política Julia Urquidi, y con ella viaja a Europa. Todas sus vivencias las recogerá después en sus novelas, como La tía Julia y el escribidor. En 1958 llega a España con una beca de estudios, pero se instala un año después en París. Separado de su tía, se casará en 1965 después con su prima Patricia Llosa, y con ella viaja también a Europa. Vivirá hasta 1974 entre París y Barcelona. En 1990 se presenta sin éxito a la presidencia de Perú. En 1993 se nacionaliza español. Desde 1996 es miembro de la Real Academia.

16 agosto 2008

El retrato de una dama (1881). Henry James

Isabel Archer es seguramente el personaje femenino literario que más me fascina. Profundamente moderna, adelantada a una época de rígidas convenciones sociales, llena de preguntas sin respuestas y con un deseo tan desgarrador de ser libre que a medida que la novela avanza, sentir cómo sus alas se van empequeñeciendo es desolador. La trama arranca en Grandecourt, una hermosa casa inglesa a la que la norteamericana y pobre Isabel Archer llega con su rica tía, que ha decidido ocuparse de ella tras la muerte de su padre. En Grandecourt, Isabel conocerá a su tío, que la impresionará notablemente, y a su primo Ralph, enfermo de gravedad y uno de los personajes más lúcidos e inteligentes de todo El retrato. La novela también se va a cerrar en la casona, aunque mientras el arranque de la trama es luminoso y cegador, el final es ambiguo y, en realidad, triste. Isabel es una joven inusual, con una inteligencia y una personalidad llamativas, que atraerán a hombres tan diferentes como Lord Warbuton, el norteamericano Caspar Goodwood o el que será su marido, Osmond Ormond. Pero también a mujeres, como su moderna amiga, la periodista Henrietta Stackpole, o la intrigante madame Merle. A pesar del profundo deseo de independencia de Isabel, el lector es consciente, a través de la voz del narrador, de cómo este círculo de personajes comienza a tejer sus hilos alrededor de ella. No todos lo hacen con intención de manipularla, pero lo cierto es que Isabel será manipulada. A medida que avanza la novela, la revelación de que ha perdido su libertad se hace nítida para la protagonista, y el lector no deja de preguntarse en todo momento cuándo dará un puñetazo en la mesa para dejar todo atrás y recuperarla. Sin embargo, y aunque el final se presta a muchas interpretaciones, creo que la decisión que toma Isabel es en realidad la mayor prueba de que ha conseguido volver a ser libre, aunque la primera impresión es justo la contraria.

En una sociedad profundamente convencional y sometida a una rígida estructura de conveniencias, Isabel es un personaje atípico, una mujer fuera de lo común, una heroína que es heroína simplemente por ser diferente. James se detiene notablemente, como es común en él, en el análisis profundo de los pensamientos de su personaje. Maduramos con Isabel, nos hacemos mayores con ella, y la compadecemos y admiramos por igual. Sin embargo, James nos deja huérfanos en la última escena de este libro. Es una de las pocas ocasiones en que no conocemos una decisión de Isabel a través de sus reflexiones, sino que es su amiga Henrietta quien nos cuenta, y de paso a Goodwood, la última decisión de la protagonista. Después de centenares de páginas compartiendo sus más íntimos pensamientos, la que es quizá la decisión más importante de toda la novela es como un exabrupto. Seguramente cada lector interpreta este final de una manera, de hecho creo que eso quería Henry James: dejar el final abierto, obligarnos a seguir la vida de Isabel, imaginar qué va a pasar en su regreso a Roma, cuando tiene ya la certeza de que su matrimonio es una mascarada, cuando su juventud está quedándose atrás y ha sentido sin embargo el aliento de una pasión inesperada. El mundo en el que vive Isabel tiene unas normas, y aun respetándolas, ella se las salta a la torera casi sin pretenderlo.

James se inspiró en una mujer real para dar vida a Isabel Archer, aunque la historia que de ella cuenta sea ficción. Pero seguramente, aunque sus pensamientos se quedaron encerrados en sus salones, hubo muchas mujeres como Isabel a finales del siglo XIX. A diferencia de las heroínas de Austen, para quienes el matrimonio es el objetivo, para Archer su boda será la más profunda demostración de su espíritu indomable. Quizá sólo por este gesto, aunque después resulte fallido, sea Isabel tan libre. Por eso, a pesar de todo, cuando cierro la novela imagino que, tarde o temprano, se liberará de sus cadenas.

Biografía del autor: Henry James nació en 1843 en Nueva York. Su hermano mayor fue un excepcional filósofo, William James. Henry estudió en Nueva York, Londres, París y Ginebra. En 1875 se establece en Inglaterra, aunque hasta 1915 no obtiene la nacionalidad. Escribe desde los veinte años, y su obra se caracterizó siemre por su ritmo lento y las descripciones de sus personajes, extremadamente cuidadas. Escribió 20 novelas, 112 relatos y 12 obras de teatro. Murió en 1916 en Sussex.

10 agosto 2008

Rojo y negro (1830). Stendhal


Julien Sorel no me gusta. De hecho, dudo que a nadie pueda gustarle uno de los personajes más oscuros de Stendhal, del que nos hace un retrato despojado de compasión en el que desnuda sin piedad todo lo que él consideraba fallido en la sociedad de la época que le tocó vivir. A diferencia del vacío Fabrizio de La cartuja de Parma, tan lleno sin embargo de encanto que es imposible no sucumbir a su seductora personalidad, Sorel se nos presenta desde las primeras líneas de Rojo y negro como alguien oscuro, insincero - consigo mismo y con los demás - y aquejado sin embargo de una extraña necesidad de grandeza. Es recurrente para los escritores del XIX el tema de la pasión: grandes y avasalladores amores novelescos que embriagan a los protagonistas hasta dejarlos sin aliento. Fabrizio sentirá esa arrolladora pasión por Clelia, y Sorel por dos mujeres, ambas de la alta sociedad, a las que deslumbra por su aparente falta de hipocresía, a pesar de proceder de baja cuna. Pero, a diferencia del alocado Fabrizio, que seguramente no ama pero cree hacerlo, Julien Sorel busca ese amor de forma desesperada, como una conquista social encubierta, como la prueba de que, a pesar de su baja clase, está llamado a ser grande. A medida que avanza la novela, el pensamiento de Sorel se nos va mostrando sin tapujos. El narrador no empatiza con su personaje, simplemente lo expone con rudeza, lo deja desnudo ante el lector. En cierta medida, nos sucede algo parecido con Sorel a lo que puede suceder con el inolvidable Ignatius de John Kennedy Toole: cuanto mayor es su fe en su superioridad, más bajo cae para el lector. Claro que en La conjura de los necios esta dicotomía nos hace romper en carcajadas, y en Rojo y negro la sensación es de intensa sordidez. En pocas novelas hay un retrato psicológico tan profundo como en Rojo y negro. La capacidad de Stendhal para penetrar en el alma humana es alucinante. Todos los personajes de esta novela están tan bien trazados que resulta apabullante. Desde la provinciana señora de Rênal, la primera amante de Sorel, a la brillante pero insegura Matilde, Stendhal no nos ahorra ni una crítica a todos los estamentos sociales de la sociedad francesa del XIX. La doble moral, la hipocresía, la falsa necesidad de maravillarse a través de la sabiduría. Ningún cimiento queda en pie en Rojo y negro. Quizá por eso fue un estrepitoso fracaso cuando se publicó.


Biografía del autor: Nacido Henri-Marie Beyle en Grenoble, en 1873, en una familia burguesa, Stendhal se quedó huérfano de madre cuando contaba sólo siete años. Cuando aún no tenía veinte años, su padre es encarcelado durante el período del Terror. Stendhal llegará a París en 1799 con intención de estudiar, pero una enfermedad se lo impide y le lleva a trabajar al Ministerio de Defensa. Al año siguiente viajó a Italia, donde descubre la música de Rossini y Cimarosa. En 1801 participó en la campaña de Italia con las tropas napoleónicas. En esta época comienza a acercarse a las experiencias románticas. En 1802 deja el ejército. En 1815 se instala en Milán, donde publicará dos años después Roma, Nápoles y Francia, en el que se describe el llamado síndrome o mal de Stendhal, una especie de éxtasis y mareo que se produce al contemplar una acumulación de arte y belleza en muy poco espacio y tiempo. Stendhal lo experimentó al contemplar la basílica de Santa Croce de Florencia. En esos años viaja a Inglaterra y recorre casi toda Europa. Llegará a ser vicecónsul de Francia. En 1841 sufre el primer ataque de apoplejía, y en 1842 muere. Está enterrado en el cementerio de Montmarre. En su lápida hizo escribir este epitafio: «Arrigo Beyle, milanese. Scrisse, amò, visse Ann. LIX M. II. Morì il XXIII marzo MDCCCXLII» («Henry Beyle, milanés. Escribió, amó, vivió 59 años, 2 meses. Murió el 23 de marzo de 1842»).

03 agosto 2008

El economista naturalista (2007). Robert H. Frank

Robert Frank es un catedrático de Administración de Empresas que un día decidió reunir algunas de las preguntas y respuestas más ingeniosas de sus alumnos. El experimento es El economista naturalista, un divertido ejercicio económico en el que se buscan respuestas para problemas cotidianos. Por ejemplo, ¿es rentable para un restaurante rellenar de refresco el vaso del cliente sin cobrarle?, ¿por qué las tiendas exponen artículos navideños desde septiembre?, ¿por qué son de menor cilindrada los motores de los coches europeos que los estadounidenses? Preguntas de este tipo y respuestas meditadas son la tónica de este trabajo, que resulta enormemente entretenido aunque al ser su autor y sus alumnos norteamericanos algunas de las preguntas tienen poco sentido para nosotros.

Biografía del autor: Robert Frank es catedrático de Administración de Empresas y Economía en la Johnson Graduate Schoool of Management de la Universidad de Cornell. Ha publicado varios libros y ha sido galardonado con premios como el Leontief. Desde 1995 colabora con la sección de Economía del New York Times.


Sauce ciego, mujer dormida (2008). Haruki Murakami

Murakami es un gran narrador, de eso no albergo dudas. Pero cuanta más obra suya leo más fuerte es la impresión de estar leyendo una y otra vez la misma novela. En esta compilación de relatos cortos la sensación se me ha hecho asfixiante. Soy una devoradora entusiasta de relatos cortos, uno de mis géneros favoritos, y si bien es cierto que casi todos los autores tienden a seguir un estilo, en el caso de Murakami me ha costado diferenciar entre ellos a los narradores de las distintas historias. Es decir, el primer relato me encantó. Al quinto estaba aburrida, a pesar de que Murakami es un excelente escritor, que mantiene el ritmo de la narración, tiene un vocabulario brillante y esa ensoñación tan característica de sus historias, que a veces resulta conmovedora. Pero quizá es demasiado fiel a una serie de líneas argumentales. Quienes haya leído Tokio blues encontrarán de nuevo en alguno de estos relatos la historia del suicidio del amigo y de la extraña relación que el narrador establece con su novia. Y la búsqueda de la puerta que abre el espacio y el tiempo de otra de las historias nos lleva hasta Kafka en la orilla. Salvando esta ligera pesadez argumental y narrativa, los relatos de Murakami son buenos, de eso no cabe duda. Pero yo, al menos agradecería un poco que sus obsesiones no fuesen tan repetitivas.

Biografía del autor: Haruki Murakami nació en Kioto en 1949, pero pasará la mayor parte de su juventud en la ciudad costera de Kobe. Sus padres, cultísimos, enseñaban literatura japonesa. Él estudió literatura y drama griego en la Universidad de Waseda, donde conoció a su esposa Yoko. Su primer trabajo fue en una tienda de discos. Antes de terminar sus estudios, Murakami abrió el bar de jazz "Peter Cat (Gato Pedro)" en Tokyo, que funcionó entre 1974 y 1982. En 1986, tras el tremendo éxito de su novela Norwegian Wood, abandonó Japón para vivir en Europa y América, pero regresó a Japón en 1995. Su ficción, según Wikipedia, "es tachada de literatura pop por las autoridades literarias japonesas, es humorística y surreal, y al mismo tiempo refleja la soledad y el ansia de amor en un modo que conmueve a lectores tanto orientales como occidentales".

02 agosto 2008

Señores de Galicia (2008). Julián Rodríguez


Aunque para un no gallego sea complicado nombrar a un empresario de éxito de estas tierras que no sea el todopoderoso Amancio Ortega, lo cierto es que la grandes fortunas gallegas, como las meigas, haberlas hailas. Y el periodista coruñés Julián Rodríguez se ha encargado de reunirlas en una obra imprescindible para conocer quién maneja hoy por hoy los hilos de la economía gallega. Señores de Galicia es un trabajo periodístico abrumador por la vasta documentación que maneja, pero extraordinariamente bien compactado para convertir cifras y letras en una historia llena de vida. Aunque la economía, o todo lo que ella conlleva, suele ser una temática pesada para los no iniciados (entre los que me incluyo), lo cierto es que Señores de Galicia es una lectura amena. Estructurada en capítulos, Julián Rodríguez repasa las figuras más relevantes de la Galicia de hoy, desgranando los entresijos de las grandes fortunas gallegas desde sus orígenes. Resulta llamativo que haya tantos empresarios con nombres y apellidos casi anónimos que, sin embargo, manejan los hilos de una sociedad que, pese a quien pese, hace décadas que empezó a despertar de su letargo. Desde los señores de las cajas, Méndez y Gayoso, hasta las sagas conserveras, pasando por editores, constructores o navieros, Rodríguez propone un repaso exhaustivo de un mundo normalmente desconocido para el gran público. No es un libro sólo para gallegos, pero lo cierto es que será a ellos quien más sorprenda. O quizá no. Escrito con un interesante y periodístico ritmo narrativo, el autor se acerca a las figuras que describe como si de una novela de misterio se tratase, analizando a veces de modo casi psicológico sus personalidades. Es complicado acercarse a la obra de un amigo sin ideas preconcebidas, más cuando se trata de Julián Rodríguez, uno de los mejores periodistas de Galicia. Pero cuando el resultado es tan brillante, escribir una reseña resulta enormemente sencillo.

Biografía del autor: Coruñés del 68, Julián Rodríguez es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra y Máster en Economía por la de Vigo. Comenzó su andadura periodística en la Cadena Ser para incorporarse en 1991 a la sección de Economía de La Voz de Galicia, donde llegó a ser jefe de la sección de Investigación. En 1999 accedió a la dirección de El Adelanto de Salamanca, del Grupo Zeta, para el que también dirigirá El Periódico Extremadura. Entre 2006 y 2008 fue subdirector de la revista económica Capital, y actualmente escribe en El País Galicia y colabora con la TVG.