23 agosto 2010

El ojo del leopardo (2010). Henning Mankell

Tan cercana al Corazón de las tinieblas de Conrad como alejada, esta novela nos lleva a un profundo viaje, y no solamente físico. Hans Olofson abandona la fría Suecia para sumergirse en Zambia, cansado de una vida llena de oscuridad, marcada por un padre descontrolado y el amor extraño que siente hacia una mujer sin nariz. Pero marcada, sobre todo, por la pérdida de su único amigo, al que una arriesgada apuesta encadena a una silla de ruedas. Hans viaja a Zambia para visitar la tumba de un misionero a la que la mujer que quiere veneraba... pero allí se encontrará con una vida nueva, desesperadamente difícil pero a la que no se ve capaz de renunciar. Mankell aprovecha los flashbacks para guiarnos en la historia de una vida singular, pero singular sobre todo por la falta de valor que, a pesar de todo, muestra. Hans se deja llevar, se zambulle en la vida africana sin remedio, y aunque haya conatos de intentar cambiar el status quo que le rodea, lo cierto es que le falta empuje. Mankell aprovecha su profundo conocimiento de África para trazar un retrato tan duro, tan falto de concesiones, tanto para blancos como para negros, que el sabor final de la novela es enormemente amargo. Al cerrar el libro uno se pregunta si realmente hay alguna solución, si realmente el hombre blanco tiene la capacidad de ayudar a cambiar algo o si debe dejar que sea el hombre negro el que escoja su destino, aun siendo tan duro como el que esta novela presenta.

Biografía del autor: Henning Mankell nació en Estocolmo (Suecia) en 1948, y en la actualidad divide su tiempo entre Suecia y Mozambique, donde dirige el teatro nacional Avenida de Maputo. Es autor de numerosas obras de ficción y uno de los dramaturgos más populares de su país. No obstante, lo que lo ha convertido en un escritor de fama mundial es la serie de novelas policiacas protagonizadas por el inspector Kurt Wallander, traducidas a treinta y siete idiomas, aclamadas por el público y adaptadas al cine y la televisión. 

Primera nieve en el monte Fuji (1958). Yasunari Kawabata


Puede sonar sórdido, pero tengo debilidad por los escritores suicidas, como Yukio Mishima, Virginia Wolf y Sandor Marai. Todos comparten, si no un estilo, una narrativa característica, ensoñadora, distinta. Una atmósfera envolvente que lleva al lector a mundos nuevos, irreconocibles. Kawabata, con el que además comparto el día de nacimiento, es quizá el más evocador de todos. Esta colección de relatos es tan hermosa, tan deslumbrante, que releer alguno de los cuentos cualquier tarde sin nada que hacer debería ser obligatorio. El amor, el trabajo, la vida, todo pasa sin que pase nada, todo se demora ante los ojos del lector, obligándole a leer entre líneas, a escarbar entre las palabras, tan bellas, para llevarse consigo algo del mundo de Kawabata. A veces una hilera de árboles quemados por el viento bastan para sostener una historia. Otras, un fantasma que no existe. Kawabata no tiene prisa, ni la transmite. Como si cada una de las cortas historias fuese un oasis. Un paréntesis en medio de una tormenta. Aunque, en el fondo, en cada una de ellas haya miles de rayos y truenos.

Autor: Yanusari Kawabata (1899-1972)