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10 agosto 2008

Rojo y negro (1830). Stendhal


Julien Sorel no me gusta. De hecho, dudo que a nadie pueda gustarle uno de los personajes más oscuros de Stendhal, del que nos hace un retrato despojado de compasión en el que desnuda sin piedad todo lo que él consideraba fallido en la sociedad de la época que le tocó vivir. A diferencia del vacío Fabrizio de La cartuja de Parma, tan lleno sin embargo de encanto que es imposible no sucumbir a su seductora personalidad, Sorel se nos presenta desde las primeras líneas de Rojo y negro como alguien oscuro, insincero - consigo mismo y con los demás - y aquejado sin embargo de una extraña necesidad de grandeza. Es recurrente para los escritores del XIX el tema de la pasión: grandes y avasalladores amores novelescos que embriagan a los protagonistas hasta dejarlos sin aliento. Fabrizio sentirá esa arrolladora pasión por Clelia, y Sorel por dos mujeres, ambas de la alta sociedad, a las que deslumbra por su aparente falta de hipocresía, a pesar de proceder de baja cuna. Pero, a diferencia del alocado Fabrizio, que seguramente no ama pero cree hacerlo, Julien Sorel busca ese amor de forma desesperada, como una conquista social encubierta, como la prueba de que, a pesar de su baja clase, está llamado a ser grande. A medida que avanza la novela, el pensamiento de Sorel se nos va mostrando sin tapujos. El narrador no empatiza con su personaje, simplemente lo expone con rudeza, lo deja desnudo ante el lector. En cierta medida, nos sucede algo parecido con Sorel a lo que puede suceder con el inolvidable Ignatius de John Kennedy Toole: cuanto mayor es su fe en su superioridad, más bajo cae para el lector. Claro que en La conjura de los necios esta dicotomía nos hace romper en carcajadas, y en Rojo y negro la sensación es de intensa sordidez. En pocas novelas hay un retrato psicológico tan profundo como en Rojo y negro. La capacidad de Stendhal para penetrar en el alma humana es alucinante. Todos los personajes de esta novela están tan bien trazados que resulta apabullante. Desde la provinciana señora de Rênal, la primera amante de Sorel, a la brillante pero insegura Matilde, Stendhal no nos ahorra ni una crítica a todos los estamentos sociales de la sociedad francesa del XIX. La doble moral, la hipocresía, la falsa necesidad de maravillarse a través de la sabiduría. Ningún cimiento queda en pie en Rojo y negro. Quizá por eso fue un estrepitoso fracaso cuando se publicó.


Biografía del autor: Nacido Henri-Marie Beyle en Grenoble, en 1873, en una familia burguesa, Stendhal se quedó huérfano de madre cuando contaba sólo siete años. Cuando aún no tenía veinte años, su padre es encarcelado durante el período del Terror. Stendhal llegará a París en 1799 con intención de estudiar, pero una enfermedad se lo impide y le lleva a trabajar al Ministerio de Defensa. Al año siguiente viajó a Italia, donde descubre la música de Rossini y Cimarosa. En 1801 participó en la campaña de Italia con las tropas napoleónicas. En esta época comienza a acercarse a las experiencias románticas. En 1802 deja el ejército. En 1815 se instala en Milán, donde publicará dos años después Roma, Nápoles y Francia, en el que se describe el llamado síndrome o mal de Stendhal, una especie de éxtasis y mareo que se produce al contemplar una acumulación de arte y belleza en muy poco espacio y tiempo. Stendhal lo experimentó al contemplar la basílica de Santa Croce de Florencia. En esos años viaja a Inglaterra y recorre casi toda Europa. Llegará a ser vicecónsul de Francia. En 1841 sufre el primer ataque de apoplejía, y en 1842 muere. Está enterrado en el cementerio de Montmarre. En su lápida hizo escribir este epitafio: «Arrigo Beyle, milanese. Scrisse, amò, visse Ann. LIX M. II. Morì il XXIII marzo MDCCCXLII» («Henry Beyle, milanés. Escribió, amó, vivió 59 años, 2 meses. Murió el 23 de marzo de 1842»).

24 marzo 2007

La cartuja de Parma (1839). Stendhal

Me he puesto clasicota, será la melancolía, porque el mal de Stendhal aún no lo he sentido... pero él bien merece una entrada. La cartuja de Parma es una novela sublime, y a pesar de ello entretenidísima. El protagonista, Fabrizio, aventurero, hermoso, indolente, nunca ha amado, hasta que conoce a Clelia mientras cumple prisión por matar a un infeliz en uno de sus lances amorososo. Su tía, Sanseverina, que siempre lo ha amado, no puede tolerarlo. Ella y su amante, el Conde Mosca, han diseñado la vida de Fabrizio para convertirlo en alguien en Parma... y hasta aquí puedo leer. Si seguís este blog habréis notado mi pasión por los novelones del XIX, no puedo evitarlo, los adoro... Y este es uno de los más brillantes. Stendhal llena de ritmo la trama, a través de un personaje con todos los defectos, pero también las virtudes, de su época. Fabrizio es inconsistente como persona, pero tremendo como personaje...



Biografía del autor: Nacido Henri-Marie Beyle en Grenoble, en 1873, en una familia burguesa, Stendhal se quedó huérfano de madre cuando contaba sólo siete años. Cuando aún no tenía veinte años, su padre es encarcelado durante el período del Terror. Stendhal llegará a París en 1799 con intención de estudiar, pero una enfermedad se lo impide y le lleva a trabajar al Ministerio de Defensa. Al año siguiente viajó a Italia, donde descubre la música de Rossini y Cimarosa. En 1801 participó en la campaña de Italia con las tropas napoleónicas. En esta época comienza a acercarse a las experiencias románticas. En 1802 deja el ejército. En 1815 se instala en Milán, donde publicará dos años después Roma, Nápoles y Francia, en el que se describe el llamado síndrome o mal de Stendhal, una especie de éxtasis y mareo que se produce al contemplar una acumulación de arte y belleza en muy poco espacio y tiempo. Stendhal lo experimentó al contemplar la basílica de Santa Croce de Florencia. En esos años viaja a Inglaterra y recorre casi toda Europa. Llegará a ser vicecónsul de Francia. En 1841 sufre el primer ataque de apoplejía, y en 1842 muere. Está enterrado en el cementerio de Montmarre. En su lápida hizo escribir este epitafio: «Arrigo Beyle, milanese. Scrisse, amò, visse Ann. LIX M. II. Morì il XXIII marzo MDCCCXLII» («Henry Beyle, milanés. Escribió, amó, vivió 59 años, 2 meses. Murió el 23 de marzo de 1842»).