02 noviembre 2013

"Estudio en escarlata" (1887). Arthur Conan Doyle

Tenía yo 20 o 21 años, estaba haciendo prácticas en la delegación de Vigo de La Voz de Galicia y me enviaron a casa del escritor gallego Carlos Casares a hacerle una entrevista. En su inmensa biblioteca había un lugar de honor para las obras de Arthur Conan Doyle. Yo no había leído ninguna novela de Sherlock Homes, pero tocando aquellas primeras ediciones de las obras del británico sentí un escalofrío (siempre me he preguntado qué habrá pasado con ellas tras la muerte del escritor, espero que estén en manos de alguien que sienta ese mismo escalofrío). Pocos meses después ya había leído todas las novelas del detective más famoso de todos los tiempos.

Estudio en escarlata es quizá a la que le tengo más cariño, por ser la primera que leí, y la primera de la serie de Holmes. Descubrir a ese personaje excéntrico, maravilloso, con esas dotes de deducción que parecen sobrenaturales hasta que sus explicaciones, llenas de lógica, te dejan con cara de tonto, fue una experiencia alucinante.

En esta novela Doyle ejecuta con maestría todas las claves de lo que luego será el desarrollo típico de las novelas del detective: a una o varias muertes inverosímiles las sigue una anodina investigación policial que no va a ningún lado hasta que Holmes interviene, casi siempre citado a regañadientes por uno de los policías (Lestrade, normalmente). Con sus misterios, Holmes resuelve el caso siempre con una teatralidad encantadora, que suele incluir una historia del pasado que explica las muertes del presente.

En Estudio en escaralata las muertes son suicidios, o aparentes suicidios, y el asesino, un justiciero vengador con un plan muy bien trazado. Hay escenas de la novela increíbles, como Holmes persiguiendo al asesino en el coche de caballos, y, sobre todo, el encuentro con John Watson, el personaje que intenta poner cordura a las excentricidades de Holmes... aunque temine siempre siguiendo entusiasta al investigador. 

Su autor, sin embargo, no era un gran fan de Holmes, del que terminó cansándose y matándolo en El problema final... aunque la reacción de los fans le llevó a resucitarlo en La casa vacía y en otra de mis favoritas, El sabueso de los Basckerville, aunque la acción transcurría antes de la muerte de Holmes.