02 febrero 2014

La noche de piedra (La iniquidad I) (2007). Alexis Ravelo.

Todavía tengo en el paladar el sabor metálico de toda la sangre que se vierte en La noche de piedra, muy bien matizada con ese subtítulo de La iniquidad, la serie que el escritor canario Alexis Ravelo dedica a desentrañar lo peor de la naturaleza humana. No hay, en La noche de piedra, tanto humor negro como el que derrocha el protagonista favorito de Ravelo, Eladio Monroy (protagonista de muchas de sus novelas). Se le escapa al narrador, se le cuela entre las líneas de esta novela salvaje, pero se nota que ha intentado mantenerlo a raya para que el brutal desenlace de la trama no pierda ni un gramo de su desgarro.

El primer chiste negro está en el prólogo de la obra, donde Ravelo nos habla de los hechos reales en los que se basa la novela, un supuesto crimen múltiple en la localidad canaria de San Expósito. Su imaginación no precisa hechos reales para llevarnos de buceo por lo peor de nosotros mismos. Porque yo siempre he creído que quienes amamos la novela negra somos conscientes de que esos monstruos de los que se nutre el género viven dentro de nosotros, solo que guardados a buen recaudo. De hecho, solo me fío ya de la gente que sabe que tiene a sus monstruos encerrados, y desconfío cada vez más de quienes pretenden no tenerlos, ni encerrados ni libres. Esos monstruos, ese horror velado, tienen muchos nombres en esta novela. Y lo peor es que a algunos los conocemos, hasta podríamos ser nosotros mismos en otras circunstancias.

Quizá el segundo chiste negro es el título, un verso de Neruda que parece fuera de lugar en una trama oscura... pero Neruda siempre me ha gustado porque su oscuridad asomaba a sus versos, aun sin él quererlo. Esa noche de piedra, esa losa de horror que el narrador va dejando caer sobre el lector, página a página, es mayor de lo que nadie puede prever cuando comienza a leer esta inteligente novela.

No puedo ahondar demasiado en la trama sin desvelarla, ni hablar de los personajes sin que se me escape entre las teclas una pista de la oscuridad que esconden absolutamente todos. Pero sí puedo terminar hablando del personaje que más me ha gustado de todos: San Expósito, esa asfixiante localidad canaria que, para mí, ha sido durante toda la novela un decorado en blanco y negro de una película negra de los 50.

Sobre el autor: Alexis Ravelo